• La calidad de vida humana se fundamenta en la sana interrelación de conocimiento, aprecio y capacidad de convivencia con la naturaleza. Las relaciones de la persona con su medio no pueden seguir siendo de tipo extractivo y de simple corte economista y técnico.
• La práctica de una agricultura no violenta y generadora de vida deber conducir a una mayor armonía y valoración de las comunidades entre sí y de ellas con su propio hábitat.
• La educación, en el contexto de la sostenibilidad, debe conducir hacia un proceso de crecimiento humano, dignificador de la persona, la familia y su entorno.
• Se debe asumir la familia rural en su integralidad: como persona en su mundo sicológico, social, económico, político y cultural, cuya participación en cualquier proceso de desarrollo debe ser contemplado en su globalidad.
• Reconocer que la familia rural es la célula de la sociedad con amplios saberes, poderes, relaciones y experiencias. El aprendizaje de una nueva actitud dentro de un proceso de desarrollo humano debe contar con esas raíces y valores.
• La protección y la restauración de la naturaleza se hace más reveladora y coherente cuando parte de la convicción y de los cambios concretos desde las personas, tanto en su pensar como en su actuar.
• La vida rural se construye sobre el reconocimiento y la potencialización de la sabiduría campesina, estimulada por el desarrollo de destrezas y habilidades.
• La sostenibilidad de cualquier proceso de desarrollo integral campesino radica en la medida en que las personas se convierten en las protagonistas y dueñas de sus propios procesos.
1. Principios metodológicos
• Apoyar procesos autogestionarios que surjan desde las bases campesinas y sean complementados, fortalecidos y enlazados por facilitadores externos. Pasar de una visión cortoplacista de proyectos a un visión permanente de generación de procesos de cambio
• Caminar al ritmo de la gente y partir de las iniciativas, los recursos, las experiencias y la cosmovisión de la gente para que se genere el sentido de la pertenencia y la identidad campesina.
• Motivar e inducir a la experimentación de nuevas tecnologías a pequeña escala para que a través de la experiencia propia se aprendan y se adopten dichas innovaciones.
• Los resultados exitosos generan mayor autoestima, entusiasmo y son por lo tanto el mejor motor para emprender cualquier proceso de cambio.
• Empezar en pequeño, con pocas tecnologías, áreas temáticas, geográficas y pocas familias y comunidades.
• Comenzar en pequeño da la posibilidad de ir aprendiendo de los errores propios y ajenos, grandes experiencias. Crecer poco a poco permite corregir fallas, ganar seguridad sobre los éxitos y confianza en las fuerzas propias.
• Practicar una continua dinámica de planificación, monitoreo, evaluación y sistematización (aplicación de la radiografía de procesos) dentro de la Fundación y dentro de los procesos emprendidos.
2. Principios pedagógicos
• Aprender haciendo: Lo que se escucha, se olvida; lo que se ve, se recuerda; lo que se practica nunca se olvida. Por tal razón urge pasar de la retórica a la práctica, de las buenas intenciones, a las experiencias. La práctica será la base del aprendizaje.
• Convencer con el ejemplo. La legitimidad moral de la enseñanza y formación se gana a través de los hechos. Lo que convence, no son las charlas magistrales, sino el testimonio propio.
• Se busca desarrollar y fortalecer el pensamiento creativo, evitando de esta manera la ciega aplicación de recetas o tecnologías prefabricadas. El cambio del concepto de “transferencia de tecnología” a un concepto de “creación conjunta del conocimiento” se hace imprescindible.
• Buscar instrumentos pedagógicos y estrategias que despierten el carácter investigativo, recursivo, analítico y autónomo de las personas; uso de material didáctico de apoyo, giras educativas, intercambio de experiencias, experimentación en pequeña escala.
3. Principios técnicos
• Conservar y recuperar el suelo, el agua, el bosque y las semillas como patrimonio campesino y fuente de vida.
• Una agricultura generadora de vida, se basa en la fertilidad del suelo. Por eso tienen prioridad todas aquellas actividades que mejoren y dinamicen su vida interna. La cobertura de suelos, los abonos verdes, las asociaciones y rotaciones de cultivos son una excelente práctica.
• Las diferentes prácticas no se pueden ver por separado, sino de manera articulada dentro de un concepto de finca como sistema vivo. En este sistema todos los componentes se interrelacionan y se manejan bajo criterios de integralidad, complementariedad, reciclaje y diversidad.
• El componente animal, bien manejado, tiene un papel importante en la alimentación, la economía y la recuperación de la fertilidad de los suelos. Puede considerarse como parte integral de todo el sistema cíclico.
• Por ser una tecnología de la muerte, la Fundación rechaza el uso de los productos de la industria agroquímica y transgénica, tales como plaguicidas, fertilizantes químicas y semillas genéticamente manipuladas.
• Priorizar y compartir prácticas de una agricultura diversificada y orgánica, sencilla, de fácil apropiación y basada en los recursos localmente disponibles tales como los abonos orgánicos, la semillas criollas, el control biológico y natural.
• Valorar, rescatar, promover y difundir tanto las especies animales y vegetales nativas como las tecnologías y las costumbres ancestrales.
• Complementar la producción agropecuaria con el procesamiento post-cosecha: Fomentar la pequeña agroindustria rural, a través de la transformación de productos primarios como base de la generación de empleo rural, valor agregado, conservación de los productos y mejor control del mercadeo local y regional.
• Priorizar aquellos sistemas de producción, transformación y consumo de productos que, en primera línea, satisfagan las necesidades alimenticias, económicas y sociales propias de una región. No incurrir, por lo tanto, en apoyar la agricultura exclusivamente orientada a la comercialización y exportación, sin antes haber asegurado el alimento diario de las comunidades rurales y el país.
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